Las gafas de Google no acaban por convencer a los especialistas


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A pesar de que las gafas de realidad aumentada de Google prometen una revolución digital sin precedentes, algunos especialistas que pudieron probarlas tienen opiniones encontradas al respecto de su uso y comodidad

Entre quienes están probando este nuevo “gadget” de Google hay maestros, dentistas, médicos, conductores de radio, estilistas, arquitectos, deportistas y hasta el empleado de un zoológico.

Unas 10,000 personas ensayan una primera versión del dispositivo, similar a unas gafas, la mayoría de ellos seleccionados como parte de un concurso.

Para tener una idea de las ventajas y desventajas del dispositivo, The Associated Press habló con tres propietarios de las gafas Google Glass que han estado usándolas desde hace un par de meses: Sarah Hill, una ex presentadora de la televisión que ahora es defensora de los veteranos del ejército; David Levy, un entusiasta del senderismo y propietario de una pequeña empresa; y Deborah Lee, una madre y ama de casa.

Las Glass están diseñadas para funcionar como un teléfono multiuso, pero que se porta como unas gafas. Aunque parecen parte de una película de ciencia ficción, han captado la atención de un amplio rango de personas, no sólo de los entusiastas de la tecnología.

La característica favorita de los tres usuarios, de lejos, fue la cámara de manos libres que toma fotos y capta video gracias a comandos de voz. (Las imágenes también se pueden capturar al presionar un pequeño botón en la parte superior del marco derecho de las Glass).

También les gustó poder conectarse a internet, que se logra al pulsar el marco derecho de las gafas para encenderlo y luego deslizarse en ese mismo lado para navegar un menú. Ese menú les permite hacer cosas como obtener direcciones en los mapas de Google o encontrar información en su motor de búsqueda. La información se muestra en una pantalla transparente miniatura instalada justo encima del ojo derecho para permanecer fuera del campo de visión del usuario.

Entre las mayores deficiencias que citaron estuvo la corta vida de la batería, especialmente si se toma una gran cantidad de vídeo. Aunque Google dice que sus gafas deberían durar un día entero con una sola carga de la batería para el usuario promedio, Hill dijo que hubo momentos en los que se quedó sin energía después de 90 minutos o dos horas cuando estaba grabando un gran volumen de videos.

Los altavoces de Glass, que dependen de una tecnología de conducción ósea, son insuficientes, según los usuarios que la agencia AP entrevistó. Dijeron que el altavoz, que transmite el sonido a través del cráneo para permitir el ruido ambiente, puede ser difícil de oír en cualquier entorno que no sea una habitación silenciosa.

«Si usted está en la calle o en cualquier otro lugar donde hay algún ruido, es imposible escuchar», dijo Lee. «Eso ha sido un desafío porque no hay manera de ajustarlo. Si se pudiera ajustar el sonido, creo que se podrían resolver un montón de problemas».

Hill, de 42 años, residente de Columbia, Misurí, se convirtió en una predicadora de las bondades de Google Glass poco después de que recogió el dispositivo en las oficinas de Google en Nueva York a finales de mayo. Hill alardeó acerca de su capacidad para tomar fotografías con manos libres y obtener información de la web con simplemente pedírselo al dispositivo. «Es como tener internet en la cavidad del ojo», dijo Hill. «Pero es menos entrometido de lo que pensé que sería. Creo que esto te permite seguir estando con personas a tu alrededor».

Hill se acostumbró a las miradas perplejas cuando llevaba las gafas a reuniones vecinales, restaurantes y de compras. Los encuentros la solían llevar a ofrecer a otras personas probar Google Glass, y la mayoría se mostraban impresionados con ese vistazo a la tecnología, dijo Hill.

Lee, residente en la ciudad de Nueva York, ha utilizado sus gafas principalmente para capturar momentos preciosos con su hija de nueve meses, Maddie. Su momento favorito fue cuando fotografió algunas de las primeras risas de su hija hace un par de meses. Lee, de 34 años, le ordenó a las Glass tomar las fotos mientras le hacía cosquillas y le besaba la barriga.

«Obviamente, uno no puede hacer eso con un teléfono en la mano, así que adoro las Glass», dijo Lee. «Ha sido maravilloso».

A diferencia de la experiencia de Hill en Misurí, casi nadie en Nueva York le lanza una segunda mirada cuando usaba el dispositivo en el Central Park, o en su vecindario.

Con información de The Associated Press