Las técnicas del mundo virtual llegan al espionaje


espiaEl cofundador de MotionDSP, Sean Varah, estaba en su oficina en San Mateo, estado de California, en octubre del 2006 cuando recibió un mensaje por correo electrónico de un inversionista potencial.

El remitente había estado mirando el blog de tecnología TechCrunch y había leído acerca del software de MotionDSP, que realza imágenes de videos y teléfonos móviles. Dos semanas después, cuatro ingenieros viajaron allí para probar el programa. En abril, la nueva empresa consiguió una suma no revelada.

Esta historia tiene un sesgo: el inversor en MotionDSP no es una firma de capital riesgo vecina o un compañía adquisidora como Microsoft Corp. o Yahoo Inc. El dinero provino de In-Q- Tel, la empresa de capital riesgo con sede en Arlington, estado de Virginia, de la Agencia Central de Inteligencia, la organización de espionaje de Estados Unidos conocida por su sigla en inglés CIA.

Desde la fundación de In-Q-Tel en 1999, la firma ha revisado más de 6.300 planes de negocios que van desde programas informáticos de reconocimiento de identidad hasta nanocircuitos electrónicos. In-Q-Tel ha puesto US$200 millones en más de 100 compañías, batiendo a inversionistas tradicionales en conseguir recursos tecnológicos como el software cartográfico que se ha convertido en Google Earth.

«Una de las cosas más importantes acerca de In-Q-Tel es que están activamente buscando compañías», dijo Varah a la agencia Bloomberg. «Tienen un cliente con un estándar tecnológico alto», agregó.

Ese cliente, la CIA, ha dado una cantidad de tropiezos. El organismo falló en predecir la invasión de Kuwait por Irak en 1990, los acontecimientos que llevaron al colapso de la Unión Soviética en 1991 y las pruebas de armas nucleares de India y Pakistán en 1998. Recientemente, la CIA sobreestimó la capacidad de Irak para la construcción de armas de destrucción masiva, según un informe de julio del 2004 de la Comisión Selecta de Inteligencia del Senado de Estados Unidos. «Las fallas de Irak han dejado una nube permanente sobre el Gobierno y, por ende, sobre la comunidad de inteligencia», dice Steven Aftergood, analista de investigación primero en la Federación de Científicos Estadounidenses.

In-Q-Tel por su parte tampoco ha eludido las controversias en sus ocho años como la rama empresarial de la CIA. Hasta junio, sus 55 empleados estaban obligados a poner 10 por ciento de su remuneración en un fondo que invertía en las mismas compañías nuevas que In-Q-Tel respaldaba. Las ganancias se volvían parte de sus bonificaciones según In-Q-Tel generaba suculentas rentas.

En el 2005, In-Q-Tel vendió en US$12 millones inversiones que le habían costado US$1,96 millones, de acuerdo con declaraciones impositivas. Ello suscitó inquietud acerca de la misión del fondo.

«Esto no tiene como fin ganar dinero», dijo Peter Barris, socio general gerente en la firma de capital riesgo New Enterprise Associates en Reston, estado de Virginia, y director de In-Q-Tel. «El enfoque debería ser poner la tecnología en las manos de la gente correcta», agregó.

In-Q-Tel va por su cuarto máximo responsable ejecutivo, Christopher Darby, de 48 años, quien se incorporó a la compañía en septiembre del 2006 procedente de Intel Corp. Darby trae consigo una combinación de experiencia empresarial y ejecutiva. Comenzó su carrera en Northern Telecom, ahora llamada Nortel Networks, y se pasó a la filial de telecomunicaciones de Digital Equipment. Lideró varias firmas de consultoría y seguridad de Internet después de eso.

«Darby tiene capacidad en el sector corporativo», dijo Michael Crow, presidente no ejecutivo de In-Q-Tel, quien también es el presidente de la Universidad Estatal de Arizona. «Aporta una comprensión de las relaciones entre compañías pequeñas y corporaciones grandes».

En In-Q-Tel, Darby eliminó el controvertido fondo de inversión de empleados. También cambió el foco de In-Q-Tel de comprar participaciones en empresas nuevas a la adquisición de tecnología para cumplir las metas que la CIA enumera en su guía anual llamada «cuadro de problemas». Los objetivos principales son la lucha contra el terrorismo y combatir la proliferación de las armas nucleares, biológicas y químicas, dice Darby. In-Q-Tel estudia la holografía y la realidad virtual además de prácticas más mundanas como la búsqueda de textos y videos y la traducción de lenguas.

«El mundo virtual llegará al mundo de la inteligencia», dice Darby, sentado en un laboratorio de demostración, donde está rodeado de computadoras portátiles negras Dell y pantallas de casi dos metros de altura.

En septiembre, In-Q-Tel hizo una inversión por un monto no revelado en Forterra Systems Inc., cuyo programa informático simula situaciones como los combates en zonas urbanas y permite que los participantes se pongan a sí mismos en el lugar de la acción. Darby se rehusó a decir para qué lo usará la CIA.

«Nuestra razón de ser es darle la tecnología correcta a la comunidad», dice Darby, en referencia a la CIA y sus analistas. «Es importante observar el cuadro de problemas del cliente».