Científicos piden más transparencia en la investigación sobre el cambio climático


En España, la noticia apenas ha despertado el interés de los medios debió al alineamiento casi religioso de hacía las opiniones más alarmistas de los científicos más cuestionados por la divulgación de correos electrónicos de la Unidad de Investigación del Clima (CRU en inglés) de la Universidad East Anglia del Reino Unido.

Hasta hace pocos días, la discusión se mantenía en la Web donde blogers y científicos discutían acaloradamente sobre el material "robado" y las irregularidades que se ponían de manifiesto en los propios correos electrónicos.

El asunto también fue aprovechado por sectores de la ciencia que mantienen fuertes dudas sobre el valor científico de los informes que culpan exclusivamente al ser humano de los cambios que se producen en el planeta y en particular sobre los informes más alarmistas que constantemente se divulgan y que, según estos, quedan contradichos diariamente por los hechos.

Pero esta semana el debate tomo un nuevo giro al publicar el New York Times un artículo sobre las consecuencias que se han derivado del hackeo de esos correos electrónicos.

Bajo el título de "Robo de datos climatológicos quiere poner en duda el trabajo del área", el popular diario escribe, "la publicación en Internet de los datos sustraídos está dañando la confianza en los estudios que se han hecho con respecto al tema, según los científicos afectados".

“Es claro que todo este concepto de ‘Somos los expertos, confíen en nosotros’ se ha desechado con estos correos electrónicos”, manifestó Judith Curry, una climatóloga del Instituto Tecnológico de Georgia al diario.

"Ella y otros científicos buscan más transparencia en la forma en la que se manejan los datos climáticos, así como en los métodos que se usan para analizarlos. Y argumentan que los científicos deberían volver a evaluar la selección de procedimientos usados por algunas revistas científicas, así como del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático, que en 2007 concluyó que los seres humanos son la fuerza dominante en el calentamiento y cuyas conclusiones apuntalan las discusiones internacionales sobre un nuevo tratado al respecto.

Estalló un debate enconado sobre el significado del material pirateado tan pronto como aparecieron los correos electrónicos y otros documentos en sitios en la Red hace más de una semana. Algunos ven en la correspondencia electrónica -que incluye discusiones acaloradas sobre tendencias del calentamiento, consejo de borrar correos potencialmente polémicos y comentarios desdeñosos sobre los escépticos climáticos-, evidencia de una conspiración para sofocar al disenso y ocultar información para evitar su escrutinio, o, como lo han expresado algunos, un “Climagate”, escribe el diario.

El propio diario cuestiona los puntos más cuestionados y que están siendo objeto de un duro debate:

1. Esfuerzos de los científicos por evitar que los datos en bruto (es decir aquellos que no han sido cocinados o interpretados) puedan ser examinados por investigadores independientes

2. Una posible evidencia de que los documentos revelados, demuestran que los datos que sustentan las conclusiones de los climatólogos sobre el calentamiento tienen un origen turbio

3. El interés de los climatólogos "alarmistas" en prevenir la publicación de ensayos escritos por los escépticos climáticos en revistas científicas utilizando desde el desprestigio ( uso habitual de palabras como “basura” y “fraude” en su correspondencia) a la presión.

Apoyos y críticas

La revelación de los correos ha provocado una fuerte división tanto en el campo científico como político. Los sectores más "liberales" se han alineado con los científicos acusados de manipular datos  mientras que los grupos conservadores han cerrado filas pidiendo mayor claridad y transparencia.

Incluso algunos defensores del ambiente creen que las revelaciones han dañado a los llamados a la acción. George Monbiot, un ambientalista y escritor británico, condenó a algunos de los científicos de la unidad climática y a muchos de sus compañeros activistas en una columna de The Guardian.

“Nadie resultó más defraudado por las revelaciones en estos correos electrónicos que los que hemos abogado por la ciencia”, escribió. “Deberíamos ser los primeros en exigir que sea irreprochable, y no los últimos”.

Este, como otros científicos denuncian la politización del trabajo de los climatólogos y como la espiral en la investigación y defensa del medio ambiente ha convertido un trabajo de investigación basado en métodos científicos en proclamas políticas.

Unas quejas que por el momento siguen cayendo en saco rato en una comunidad, cada vez más cerrada y selecta que gracias a sus estudios está obteniendo fuertes ayudas y financiación a sus trabajos.