Dídac Lee, un empresario de origen chino que rompió la tradición familiar


Cuando Dídac Lee nació hace 35 años en Figueres, se convirtió en el primer niño de origen chino que venía al mundo en la provincia de Girona, según recuerda hoy en un perfecto catalán este empresario del sector tecnológico, que rompió la tradición familiar vinculada a las letras y la restauración

Agencias – Este emprendedor, cuya motivación es poder levantarse cada día ante un proyecto ilusionante y que odia la palabra ‘imposible’, es hoy el consejero delegado de Inspirit, un grupo que controla empresas vinculadas a las altas tecnologías e Internet, en las que trabajan más de 240 personas y que factura más de 8 millones de euros.

Los padres de Lee, un periodista y una estudiante de Filología Hispánica de origen taiwanés, se conocieron en España y optaron por instalarse en Figueres, donde abrieron el primer restaurante chino de Girona, que todavía está en activo, 37 años después.

Pese a sus antecedentes familiares, Dídac Lee se apasionó desde niño por la informática y más adelante por las posibilidades de negocio de Internet. Desde el año 2000 sus proyectos han recibido diversos premios, como el de ‘Joven empresario catalán del año’, en 2006, y el de ‘Mejor Iniciativa de uso de las Tecnologías de la Información y Comunicación’ en Cataluña, en 2007, que le fue entregado por el Príncipe de Asturias.

Pregunta: ¿Cómo era ser un niño chino en la Figueres de los años setenta?

Respuesta: Esto de nacer chino en un país no acostumbrado a la inmigración hace 35 años era un poco raro. Quizás por esto siempre he sentido curiosidad por las cosas nuevas.

P: ¿Y eso le llevó a la informática?

R: Una cosa nueva cuando yo tenía 10 años era toda la Informática. Entonces había Commodores, Spectrum… Yo me pude hacer con un Commodore después de convencer a mis padres para que me compraran un ordenador. Ellos no sabían para qué servía, pero parecía que tenía mucho futuro. Y con eso comencé mi andadura en el sector informático.

P: En la cultura china, la tradición y los antepasados pesan mucho. Pero usted no la ha seguido en ningún sentido, ni en la restauración ni en el campo de las letras.

R: Yo me aficioné a programar en Basic. Un tío mío que era muy joven hizo que mi relación con él fuera más la de un hermano. Y él se hizo cargo del restaurante, por lo que, en ese aspecto, no tuve que seguir la tradición familiar, algo que pesa mucho en la cultura oriental.

P: Pero el mundo de las empresas ‘punto.com’ es algo ajeno a su familia.

R: Es verdad. Además, tenía la tradición académica. Mis padres habían ido a la universidad, tengo parientes que son catedráticos en Estados Unidos y por tanto yo tenía que estudiar’.

P: ¿Cómo recuerda su años de universidad?

R: Con la misma ilusión que tenía el niño del Commodore, me fui a Barcelona a estudiar la carrera de informática para crear proyectos basados en la innovación y en las nuevas tecnologías’.

P: Pero…

R: Lo que ocurrió es que no me sentía muy motivado porque me di cuenta que una cosa es ser informático y otra cosa estar en el negocio informático. Y entonces decidí, en cuanto tuve la oportunidad, abandonar la carrera para crear mi primer negocio basado en Internet’.

P: ¿Cómo se lo tomaron sus padres?

R: Bueno, soy la oveja negra de la familia. Cuando mis padres se enteraron, no estuvieron muy contentos, porque para la cultura oriental los estudios son algo de honor. Y que el chico al que le pagas los estudios en Barcelona, que cuestan mucho dinero, quiera dejarlo todo y crear algo que no entendían… Afortunadamente, con el tiempo ya se han acostumbrado y están muy contentos’.

P: No es de extrañar. Ahora es un empresario de éxito.

R: Bueno, los orígenes fueron difíciles. Con mi primera empresa, una franquicia de acceso a Internet, tenía 21 años y vivía en el almacén del local. Lo que pasa es que me atreví a hacer cosas nuevas.

P: ¿Cómo es su grupo empresarial ahora?

R: A día de hoy nuestra empresa tiene unas 240 personas. Estamos ubicados entre Girona, Barcelona, Madrid, Buenos Aires… y próximamente abriremos oficinas en el Silicon Valley y estamos asociados con la familia Carulla.

P:¿Hay algún fracaso especialmente doloroso?

R: ‘Una vez intentamos desarrollar un software de trabajo en grupo. El proyecto fracasó y casi se carga toda la empresa porque se hizo de espaldas al mercado. Pero le debo mucho a esa experiencia.

Después de aquello, no volveré a desarrollar un proyecto que mi madre no entienda.

P: ¿Cómo es que no vendió ninguna de sus empresas durante el ‘boom’ de las ‘punto.com’?

R: Porque no me gusta vender mis empresas. Tuve ofertas pero no es lo mío. En una ocasión, el comprador me quería enviar de consultor a Hong Kong, cuando a lo que yo aspiraba era a lo que he deseado siempre: vivir en Figueres. Ahora sabemos que habrá que vender algunas empresas y para ello hemos creado un laboratorio de nuevos proyectos abierto a entradas de capital.

P: ¿Algún consejo para triunfar a la hora de crear nuevas empresas?

R: No me gusta dar consejos porque cada caso es diferente, pero en mi opinión hay dos claves: la pasión y ser humilde, que era lo que decía mi madre, aceptando que te puedes equivocar continuamente.

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