El código fuente de SimCity es liberado bajo la GPL


SIMCITYSe pone a disposición de los programadores el código fuente del mítico juego, aunque su impacto sea probablemente más mediático que práctico.

Guillem Alsina ([email protected]) – SimCity es un juego que se ha ganado por derecho propio el apelativo de mítico. Es cómo las escuadras de ciertos equipos de fútbol en sus buenos tiempos, que los aficionados de toda la vida recuerdan de carrerilla (bueno, y de béisbol en los Estados Unidos…); para muchos, quien no ha jugado al SimCity, no ha jugado a videojuegos.

sim.city_boxEl juego fue una creación de Will Wright (que años más tarde también impactaría con otra creación suya, The Sims) en el año 1989, y en él se permitía al jugador crear una ciudad con sus edificios y servicios, aunque éste no podía controlar directamente los cambios en su población, ni el tráfico de vehículos en la ciudad, ni los desastres cómo tornados o incendios que la computadora provocaba aleatoriamente en la urbe creada por el usuario. De esta forma, y si bien podíamos tener control sobre ciertos aspectos del juego, otros quedaban fuera de nuestro alcance aunque influenciables en cierta medida.

El videojuego tuvo tanto éxito que se constituyó en origen de una saga en la que han seguido cuatro títulos más, el último de ellos el año pasado (SimCity Societies), y se ha adaptado a multitud de plataformas cómo pueden ser videoconsolas o teléfonos móviles.

Ahora su código fuente se publica libre y se cambia el título del juego a Micropolis (aunque en los corazones de aquellos que lo jugamos siempre será SimCity). El motivo que subyace en esta acción no es otro que portarlo para que funcione con el OLPC, el portátil de bajo coste desarrollado en el MIT por un equipo capitaneado por Nicholas Negroponte y que está siendo vendido a países en vías de desarrollo.

Pese a que para el resto de los mortales puede reportar poco interés éste movimiento, lo que se da es una buena oportunidad para examinar cómo está construido por dentro uno de los juegos clásicos, que marcaron época y que además dieron origen a un género: el de simulación social. Porque en el juego original, más que ganar o perder, importaba ver cómo crecía y se desarrollaba la ciudad creada en partidas que podían perfectamente no tener fin.

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