Europa quiere quitar la «red» a las operadoras tradicionales


central-telefonica-petitLa idea recupera el viejo proyecto de un «organismo» independiente que gestione y comercialice la red de manera transparente para todas las operadoras presentes en el mercado.

Viviane Reding, comisaría europea de Telecomunicaciones, propondrá a la UE que está apoye la división de las operadoras tradicionales en dos grandes empresas: una sería la responsable de la red y la otra una compañía comercial que vendería los servicios en igualdad de condiciones a las otras empresas del sector.

Según Reding, ésa es la única forma de asegurar el acceso, en pie de igualdad, de los nuevos operadores alternativos mejorando la competencia y produciendo un abaratamiento de precios.

Un caso similar al propuesto por Reding sería el de las redes de distribución de energía eléctrica, empresas autónomas de las distribuidoras que comercializan la electricidad.

Dificultades

Los críticos hacía esta medida (principalmente Telefónica, Orange o Deutsche Telekom) consideran que este no es un buen ejemplo.

Más bien apuntan al proyecto liderado por el gobierno conservador británico que separo la red de BT o las infraestructuras ferroviarias de la compañía de trenes.

En ambos casos, el resultado final fue un estruendoso fracaso ya que las inversiones no crecían al ritmo que demandaba al mercado.

Más aún, en el caso de las telecomunicaciones. Empresas, instituciones y consumidores demandan más y más ancho de banda y las operadoras tradicionales invierten en esa expansión en base a sus previsiones de ingresos y posicionamiento de mercado.

España

En el caso de España el proyecto de Reding cuenta con apoyos entre los operadores alternativos que culpan a Telefónica de sus males. Consideran que está no actúa transparentemente con ellas y que siempre antepone sus planes comerciales al servicio que debería prestar (obligada por ley) a sus competidores.

Los defensores de la medida defienden públicamente que «esa red (la original) la pagamos todos y ahora es de Telefónica».

En esa misma línea se manifestó el presidente del operador de cable, ONO, Eugenio Galdón.

Este aseguró ayer que si Telefónica no quiere separación funcional, no debería pedir ventajas regulatorias para desplegar nuevas redes, y paralelamente «seguir utilizando libremente la antigua red del ex monopolio, que se ha levantado con el dinero de todos».

Galdón afirmó que «si Telefónica quiere más libertad para sus nuevas redes, habrá que separar la infraestructura antigua (que sus rivales utilizan ahora para prestar servicios de telefonía y acceso a Internet con ADSL), de la nueva, para impedir que haya subvenciones cruzadas.

Si Telefónica quiere encontrar ventajas regulatorias para sus nuevas redes, somos partidarios de que se le reconozca que al invertir está incurriendo en un riesgo adicional que no tiene en las infraestructuras históricas, que se construyeron con el dinero de todos», concluyó.

Telefónica quiere hablar del futuro

La operadora española está harta de ese discurso que considera demagógico aunque en sus declaraciones públicas siempre intentan evitarlo para no levantar viejas heridas.

En su discurso prefieren hablar del futuro y de las exigencias que hoy plantean los consumidores a las operadoras.

Pero, para Telefónica eso es algo del pasado y hay que hablar del futuro, como dijo ayer Alierta. «La separación funcional no garantiza las inversiones» para mejorar y ampliar la red.

Según el presidente de Telefónica, con la separación funcional, no habrá incentivo para la compañía que controle la infraestructura básica en acelerar la innovación y la inversión, ya que «la tensión por la innovación sólo la impone el mercado y la competencia, la necesidad de ofrecer siempre mejores servicios porque sino no se pierde al cliente«. Alierta también puso como ejemplo que Estados Unidos, Japón o Corea, los países donde más desarrollada está la banda ancha, no tienen separación funcional.