Slackware 13.0: el retorno de un dinosaurio, pero en buena forma


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Últimas versiones de los principales entornos gráficos y soporte oficial por primera vez para máquinas de 64 bits, las principales bazas de todo un clásico que, pese a renovarse, mantiene entre sus paquetes a verdaderos “viejos roqueros” como el gestor de arranque LILO.

Guillem Alsina ([email protected]) – Un tanto al margen del gran boom de Linux durante muchos años, la veterana Slackware parece vivir una segunda juventud estos últimos tiempos, volviendo a ser noticia en publicaciones tecnológicas no dedicadas exclusivamente a GNU/Linux. Es una de las pocas distribuciones de primera línea junto a Debian y Red Hat que han sobrevivido de la primera generación de distros Linux, fundadas poco después de que Torvalds lanzara su kernel al mundo y despertara con ello el interés de la comunidad hacker.

Su último lanzamiento ha sido la reciente versión 13.0, en la que se incluyen las últimas versiones de los escritorios KDE (4.2.4) y Xfce (4.6.1), un nuevo sistema de compresión de paquetes (.txz en lugar de los clásicos .tgz al ser mucho más eficiente el nuevo sistema), y un nuevo kernel con número de versión 2.6.29.6 .

El soporte para arquitecturas x86_64 también es una novedad en esta última versión, ya que Slackware había sido tradicionalmente mantenida para la arquitectura x86 de 32 bits, aunque los ports de esta distro a otros tipos de máquinas empiezan a convertirse en algo frecuente últimamente.

¿Qué hace atractiva a esta distribución?

Slackware es una distribución muy purista con el concepto de Linux en el sentido de que no solamente va a facilitar la vida hasta cierto punto al usuario para que trabaje con la computadora, sino que también va a exigir que el usuario se involucre hasta cierto punto y acabe teniendo unos conocimientos más profundos de la máquina. Es una filosofía diametralmente opuesta a la que predican otros sistemas operativos como Mac OS X o Windows, e incluso dentro del mismo ecosistema GNU/Linux, Ubuntu. Estos buscan que sea la computadora la que se acerque al usuario sin que este deba adquirir muchos conocimientos de como funciona el sistema operativo.

Es por ello que la distro no incluye muchas herramientas de configuración globales, ya que cada una de las aplicaciones depende más de las herramientas desarrolladas por el mismo programador que la ha creado para configurarla. Esto hace que, de buenas a primeras, sea un sistema arisco para el usuario final medio, pero excelente para administradores y usuarios avanzados del sistema del pingüino, que pueden jugar con él todo lo que quieran. Esto ha propiciado que Slackware sea también la base para algunas otras -pocas- distribuciones.

Con fama de gran estabilidad y robustez, Patrick Volkerding (creador y responsable del mantenimiento de esta distro) no es muy amante de los cambios y experimentos de paquetes que ya han probado sobradamente que funcionan, por lo que podemos encontrar anacronismos como el gestor de arranque LILO (al que la mayoría de las distribuciones han dejado de lado en favor de Grub), junto a la última versión de KDE. Si funciona y hace lo que uno quiere ¿porqué cambiarlo?

El sistema de instalación también continúa siendo un clásico de esta distro, en modo texto. Un elemento más que hará que gran número de usuarios finales la repudien pero que otros más expertos la amen. Y es que esta es la grandeza del software libre en general y de GNU/Linux en particular: siempre habrá una distribución a la medida de lo que uno necesite.

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